La luna representa la vida emocional,  contiene las memorias inconscientes desde antes del nacimiento que a través de la madre llegaron a nosotros siendo uno con ella.
Lleva una función, un recuerdo  de los programas y patrones fabricados en la etapa de sobrevivencia.

A través de este funcionamiento buscamos afecto, nos alimentamos, hacemos familia, proyectamos una  vivienda  o nos quedamos sin ella,  se construye la  relación con los hijos, madre y mujeres.
Comprendiendo   estas memorias y los códigos emocionales que intervienen en la conductas  y determinan los conflictos por ejemplo  de jerarquías, de exclusión o abandono entre múltiples combinaciones.

Bajo este análisis levantamos una línea de tiempo desde el nacimiento con el ritmo emocional experimentado siguiendo hasta el presente, observando las épocas de repeticiones, las proyecciones infantiles y todo el comportamiento con  una  mirada terapéutica,  con el objetivo concientizar el origen y los hechos que han causado el desorden.
Al tomar responsabilidad de lo sucedido entramos en  la madurez emocional o lunar, ofreciéndonos el cariño y amor perdido.